jueves, 30 de abril de 2009

Feliz día a tod@s, trabajadores y trabajadoras!

El zorro y las uvas
Como sintiera hambre hambre, un Zorro se llegó hasta unos racimos de uva que colgaban de una parra y quiso cogerlos; pero, como no lo consiguiera, se alejó de allí diciéndose a sí mismo:
_ Todavía están verdes.
Moraleja?
Esopo "Fábulas completas"
Editorial Sopena Argentina, S.R.L.
Primera Edición Diciembre de 1949

viernes, 24 de abril de 2009

últimas novedades

Proyecto: "Socios Lectores por más Socios Lectores"

Tal como ya comentamos en el Blog a comienzos de año, se puso en marcha este Proyecto que día a día va tomando cuerpo y solidez con el trabajo conjunto.
En este momento somos un grupo de aproximadamente 10 socios lectores y hemos avanzado bastante en la elaboración de los pasos a seguir. Estamos “concursando” en la CONABIP quien ofrece un subsidio para promoción de la lectura y cumpliendo con los pasos previos de contactos institucionales locales para iniciar las visitas de lectura a escuelas, jardines, comedores barriales, hospital, geriátricos, centros de jubilados…

¿Te gustaría sumarte?
Contactate conmigo. Mónica Garayoa (03547) 427129 o a yoa482000@yahoo.com.ar

viernes, 17 de abril de 2009

tesoros

Siembra de silencio
Un tesoro de nuestra biblioteca, que ha sido recuperado de los anaqueles, gracias a una socia que tuvo el tino de elegirlo al azar. Sucede que contamos con más de 35000 volúmenes y aún no se ha podido catalogar todo el material en existencia.
Es una verdadera alegría compartir extractos de esta novela, que con su prosa poética, logra trasladarnos a esos primeros tiempos, cuando Alta Gracia, nuestra querida ciudad, comenzaba su lento pero seguro crecimiento. Espero lo disfruten.

[…] El aire tibio de chuñas, teros y urracas estremece la tarde serrana. Entreteje en el corazón de don Gonzalo vivencias y sensaciones de otros tiempos. ¿Por qué esa terquedad de los recuerdos, que mantienen su espíritu alerta y expectante, como un cazador tras su presa? Transita sin compañía, un sendero que bordea por lo alto, las lomas del valle.

[…] La brisa tibia de la tarde no podía desprenderse del grito de los teros. Rasguñaba el bañado, acariciaba el valle y remontando el arroyo, se hacía añicos, gimiendo, en las piedras del cerco de pircas. El fulgor del lucero anunciaba ya una noche agobiada de estrellas.

[…] _ Escuche ‘On Toribio la voz ‘e la tierra. Suspendido en la atención de los tres, un aparente silencio, fue el preludio de un rumor que no concluía. “La tierra nuca muere, ‘On Toribio, oiga cómo canta, canta…” El sonido del agua entonaba su eterna voz entre las piedras y hierbas. “Agua Riente” llamaron los indios a dos o tres grandes cascadas que encontraron en el trayecto. Toribio descansa. La iglesia de la lejana estancia jesuita recién visitada y descubierta, con sus claustros y campanarios, había recortado una imagen cuyo colorido y relieves se engarzaron para siempre en el alma del criollo.

[…] En noches de plenilunio, donde la estancia primitiva se convirtió en poblado, sus moradores, a veces sienten __ a pesar del calor agobiante__ un frío que les rasguña los huesos. Se miran y saben que es el miedo. ¡Voces extrañas muerden las cercanías! ¡Luces malas a lo lejos, en los asombros de la llanura! El miedo ronda en la resolana de los fogones y más allá… Algunos tienen conciencia de que el poblado ha surgido demasiado rápidamente de los ruiseñores del silencio. ¡Se forzaron muchas cosas…!

[…] Fue en el 1907 cuando la oscuridad de las esquinas recibe el aturdimiento de faroles de Kerosene. Esto, que debe de estar consignado en muchas crónicas, lo recordaba bien Cruz, pues le habían impresionado esas luces titilantes y amarillentas, en oportunidad de visitar “el poblao”. “Por primera vez en ese pedazo de tierra había algo que sustituía a las estrellas para guiarse en la noche” –pensó, sin comprender cabalmente el sentido de su pensamiento. Y así ese “lugar” fue exhalando la risa oscura y solitaria de sucesivas transformaciones.

[…] Es el verano. El eterno y cíclico verano. Fervor de chicharras. Rumores de vertientes y arroyos. Pájaros, pájaros, pájaros. Frutas, frondas y olor penetrante de tierra húmeda. Aromas de peperina, poleo, yerba buena, cedrón… Y una música extraña, saturan el aire del pueblo. Silencio antiguo súbitamente quebrado. Es el verano…

Siembra de silencio

Alberto Boixadós Emecé Editores, S. A. - Buenos Aires 1979

miércoles, 8 de abril de 2009

Colaboremos

Directora:

Gladys Altamirano de Fuentes

Jardin y primaria

Total de niños 18, desde 5 años a 13 años. Poseen luz, una computadora, televisor y dvd. Desayunan y almuerzan por medio del paycor Ahora poseen transporte pagado el 50% por la municipalidad. Sus papas en su mayoria hacen trabajos temporarios Entre sus familiares no hay bebes, los hermanos menores tienen de tres o cuatro años en adelante.

Necesidades: Ropa de abrigo Bufandas, gorros, guantes, medias Calzado desde numeros 25 al 38 Un globo terraqueo Utiles Diccionarios Mapas, laminas, etc. Cuentos de facil lectura, hasta 10 años ( los viernes lo dedican a leer) Juegos, juegos didacticos, juegos de mesa (domino, tateti, loteria, etc) , rompecabezas, etc.

Lo que Ud. pueda donar sera muy bien recibido, recuerde que por mas humilde que sea su colaboracion todo suma. Muchas gracias.

Para mayor información dirigirse a, Patricia Reimondi socia e integrante de la Comisión de la Biblioteca, ella junto a su esposo Romeo Alessi, harán efectiva la donación.

Roque Celentano 295 mail:

cuarzo295@hotmail.com

miércoles, 1 de abril de 2009

Volver a las Leyendas

El fuego de las luciérnagas

Todo comenzó con una nueva travesura del zorro, que una mañana se apareció por el lago donde los gansos vivían diciendo que tenía intenciones de aprender su graznido.
_¿Para qué quieres chillar como nosotros? -le preguntó uno de los gansos, sorprendido.
_Me gusta como cantan -dijo el zorro, y los gansos se sintieron halagados ya que nunca les habían dicho que eso fuera cantar. Aunque le advirtieron al zorro que su deseo era imposible, el animal insistió tanto que algunos decidieron ayudarle.
_Si deseas aprender el verdadero graznido -dijo el ganso más viejo- deberás volar como nosotros.
Primero el zorro se quedó callado. A él le gustaba andar con los pies sobre la tierra y no lo entusiasmaba eso de mirar todo de arriba. Pero finalmente aceptó, ya que le gustaban los desafíos y seguramente sería el primer zorro volador. ¡Qué aventura para contarles a sus amigos!
Los gansos le hicieron dos alas, le enseñaron a moverlas y le dieron una sola recomendación:
_No tienes que abrir los ojos. Si lo haces, te caerás sin remedio.
El zorro dijo que eso haría y así fue como salieron todos volando.
Y volaron y volaron.
El zorro disfrutaba del viento que le pegaba en la cara y aunque se le despertó la curiosidad por ver el mundo desde arriba, su prudencia le mantenía los ojos bien cerrados.
Estaba oscureciendo cuando los gansos volaron sobre el refugio de las luciérnagas, ellas vivían protegidas por un altísimo muro que los animales no podían saltar. Los destellos de las luces de las luciérnagas atravesaron los párpados del zorro que, sin pensarlo, abrió los ojos; entonces le fallaron las alas y cayoooooooó sobre un enorme cedro que lo salvó de quebrarse las patas.
A su alrededor se juntaron muchas luciérnagas y al zorro lo maravillaron las luces que llevaban en sus cuerpos. Entonces ya no le importó volar o graznar como los gansos. Lo único que deseaba ahora era conseguir ese resplandor para maravillar a sus amigos.
El zorro les cayó simpático a las luciérnagas y lo invitaron a su fiesta nocturna. Allí, el zorro pudo ver como juntando las colas entre varias luciérnagas prendían una hoguera en el centro para bailar después alrededor.
El zorro las miraba y solamente pensaba en la manera de robar ese fuego y poder saltar el enorme muro para llevarlo a los otros animales del bosque.
De pronto tuvo una idea. Ató una astilla de madera a su cola y se acercó peligrosamente al fuego.
-Cuidado -dijo una de las luciérnagas- puedes quemarte.
Entonces el zorro comenzó a danzar alrededor del fuego distrayendo a las luciérnagas que bailaban con él.
_No te acerques tanto -le advertían las luciérnagas mientras el zorro las hacía reír bailando en dos patas y diciendo que era un zorro brujo y que jamás se quemaría.
En cuanto pudo, el zorro acercó tanto la cola que prendió la astilla y empezó a correr muy rápidamente. Las luciérnagas lo perseguían confiando en que cuando llegara al muro podrían atraparlo ya que era imposible que lo saltara. Pero al llegar al cedro que le había salvado la vida, el zorro se volvió a trepar y desde allí saltó del otro lado del muro quedando libre.
Libre sólo por un rato, ya que las luciérnagas atravesaron el muro y lo perseguían. No iban a dejar que nadie tan fácilmente les robara el fuego.
El zorro corrió, corrió y corrió hasta que ya no tuvo fuerzas y entonces le dio el fuego al halcón para que lo llevara a todos los animales y hombres del bosque.
El halcón voló y voló hasta que no tuvo fuerzas y entonces le dio el fuego a una grulla que por ahí pasaba.
La grulla voló y logró escapar de las luciérnagas que todavía andan por allí cada noche, buscando al zorro.
¿Y el fuego?
Ahora cualquiera puede disfrutar del fuego, gracias a las travesuras del zorro que todavía está en su cueva descansando del vuelo, el baile y la corrida.

Esta historia la cuentan los Apaches Jicarillas

de El origen del fuego, Margarita Mainé-Héctor Barreiro
Ed. Prmera Sudamericana
serie: Cuentamérica