viernes, 22 de octubre de 2010

Rainer María Rilke



La vida De  Rainer María Rilke es, a la vez, simple de trazar y compleja de estudiar. No hubo acontecimientos extraordinarios en  ella sino una actividad intelectual llenándola hasta la saturación. No fue nada, ni siquiera desempeñó un solo trabajo burocrático continuado, ni funcionario, ni académico, ni diplomático. En cambio se creó un puesto de los primeros en las letras alemanazas y en la poesía de nuestro tiempo.
[…]
La infancia de  Rilke fue triste: vivió constantemente supeditado a las ridiculeces de la madre, que lo vistió de niña hasta avanzada edad, y a las intransigencias del padre, empeñando en darle una instrucción rigurosamente castrense.
[…]

Así da comienzo esta pequeña biografía del poeta. También existe una “advertencia para esta versión” por parte de su autor.

Con la modestia que impone tan excelso poeta y tan admirable poesía, presento estas versiones ­­– desde luego aproximadas y si se quiere transcripciones efectuadas sólo con propósito informativo - de las piezas más esenciales de toda la obra de Rainer María Rilke. Un solo y , creo, disculpable propósito me incitó a emprender tan grata cuanto difícil, prolongada y riesgosa tarea,  y este deseo ha sido el de aproximar en la medida de lo posible el gran público de habla castellana a este poeta cuya personalidad y cuya obra alcanzan día a día mayor trascendencia en la vida del espíritu.
                                                                                                           E. M. S. D.



Cielo

Un cielo pálido y gris,
en el que los colores se marchitan.
A lo lejos, -un destello,
como fuego de una cicatriz …
Reflejos que erran y se posan.
Hay en el aire
un desfallecido perfume de rosas
y lágrimas contenidas.







Tú no debes esperar…

Tú no debes esperar que Dios llegue hasta ti
   diciéndote: “Yo soy”.
Un Dios que revela su fuerza
   no tiene sentido.
Tú debes saber que Dios te penetra con su soplo
   desde el origen.
Y cuando tu corazón arde sin traicionar nada
   es que Él está allí.
                                            (Alba poética)



Epitafio
                 Compuesto por el poeta
                  para su tumba


Rosa, ¡oh pura contradicción , voluptuosidad
de no ser el sueño de nadie bajo
tantos párpados!





***
Los textos fueron extraídos de Rilke “Obra Poética”
Versión castellana, Biografía y Notas de E. M. S. Danero
2da. Edición 1956
Librería Perlado  Editores 




viernes, 8 de octubre de 2010

12 de octubre






Encubrimiento de América y Etnocidio Cultural


Por: Mariano Garrone




Desde pequeños, cuando concurríamos a los distintos niveles de instrucción académica (sobre todo en la escuela primaria), fuimos escuchando de nuestros maestros y profesores las asombrosas historias respecto al "descubrimiento de América", una hazaña llevada a cabo por un aventurero llamado Cristóbal Colón quien llegó por equivocación a estas tierras pensando que era la India y entabló una estrecha vinculación con aquellos seres extraños que eran muy diferentes a él e intercambió “espejitos “por oro. Ese relato, esa historia, repetida una y mil veces por los programas de enseñanza educativa, reflejada año tras año en las pizarras y aulas de las distintas escuelas de la ciudad y del país, no hacen otra cosa que taparnos los ojos con una gigantesca venda y reproducir infinitamente la historia oficial que intenta esconder los motivos por los cuales los europeos llegaron a estas tierras y lo que realmente sucedió con el aniquilamiento de millones de aborígenes, de miles de culturas y formas distintas de vivir por el simple hecho de ser diferentes.
El Día de la Raza, celebrado el 12 de Octubre desde 1988 por decisión de la UNESCO (que postula la fecha simbólicamente como el "encuentro de dos mundos"), es quizá una de las efemérides más aberrantes que festejamos en Latinoamérica. Lejos de ser una celebración, el 12 de Octubre significa la fecha en que millones de personas, de nativos de estas tierras en otros tiempos, fueron avasallados y aniquilados conjuntamente con sus culturas, sus creencias y sus formas de vida.
A 515 años de la llegada de los españoles a esas tierras que ahora llevan el nombre de América, es importante desentrañar algunos hilos que la historia fue entretejiendo transcurrido todo este tiempo, sobre todo, intentando un acercamiento hacia la identidad, esa huella que todo pueblo lleva consigo y que en el transcurso de la historia fue perdiendo sus verdades en manos de quienes la escriben, los vencedores. 
Lejos de ser un descubrimiento, y más aún un encuentro, la llegada de los españoles a tierras americanas fue un encubrimiento y una conquista. La noción de encuentro soslaya coincidencia, reconocimiento mutuo en un momento determinando. Es imposible seguir sosteniendo la noción de encuentro cuando en realidad ocurrió un desconocimiento de la otra cultura, la aborigen. En vez de levantar el misterio que envolvía a las nuevas tierras, los españoles se afanaron por esconder, por callar, por cubrir todo lo que pudiera ser una expresión del hombre occidental. Lo que hicieron no fue descubrir sino conquistar con sangre estas tierras ocupadas por aborígenes quienes poseían un gran desarrollo de la cultura, la cual fue borrada y exterminada. 
No solo los devastaron militarmente, sino también avasallaron las formas de vida que tenían y significó la muerte de sus dioses y de todas sus creencias por las cuales su cultura se sustentaba y tenía sentido. 
Un encuentro remite al diálogo y al mutuo respeto... lo que ocurrió aquí fue otra cosa, fue un etnocidio cultural, a grandes rasgos, significa la destrucción de un grupo étnico o de su cultura y tiene bases fundacionales en la creencia de superioridad de la propia etnia respecto a otras.
Considerados como salvajes e incultos, los españoles arrasaron con los aborígenes americanos bajo un modo innegable de etnocentrismo y genocidio cultural, porque para lograrlo destruyeron los rasgos más salientes de estas culturas negando su valor existencial. Si, en las escuelas nos enseñan la crueldad del genocidio nazi, uno de los más aberrantes que observó la humanidad, pero son incapaces de reconocer que los nativos que antaño habitaron estas tierras también fueron exterminados, al igual que la famosa "campaña del desierto" que propició Julio Argentino Roca a fines del Siglo XIX para aplastar a los nativos de la patagonia y apoderarse de sus tierras (parece que esas actitudes se ponderan infinitamente en Argentina porque el billete de máximo valor que tiene nuestra moneda nacional posee el rostro del mal llamado prócer). 
La llegada de los ibéricos a estas tierras fue impulsada principalmente por una forma de enriquecerse rápidamente por medio del robo en primer lugar y de la explotación después. América latina era rica en minerales y presentaba la posibilidad de una rápida industrialización. De aquí extrajeron cantidades incalculables de oro, plata, bronce que fueron el motor principal de semejante matanza. No fue casualidad que la primera revolución industrial tuviera lugar en Europa pues la extracción de oro, saqueado de estas tierras, significó a la postre el comienzo de un proceso de acumulación de capital e industrialización que favorecería al proceso de revolución industrial unos siglos más tarde. 
Hilando fino, hasta podemos decir que aquel proceso de conquista, de matanzas, de robos, de saqueos, tiene correlato con la actualidad. Desde aquellos tiempos, las riquezas de estas tierras comenzaron a ser explotadas por manos extranjeras. Antes lo hacían mediante el robo y el saqueo de los recursos naturales. Hoy lo siguen haciendo mediante las privatizaciones de empresas que siguen saqueando estas tierras. Las economías latinoamericanas comenzaron a depender, ya desde tiempos remotos, de las potencias de turno. Cualquier semejanza con la realidad actual es mera coincidencia...
Parece mentira pero en las escuelas (principalmente en las primarias) los contenidos curriculares generalmente no abordan el tema desde múltiples perspectiva y nos cuentan una historia de héroes, aventureros, descubridores, que nada tiene que ver con la realidad, o al menos con parte de ella. Existen varios historiadores revisionistas que reconstruyeron la verdadera historia de nuestras tierras. Sin embargo, muy pocos son incluidos en los Programas de Historia en el nivel inicial y prefieren las narraciones y dibujitos de publicaciones tales como "Billiken", que reproducen permanentemente contenidos poco críticos y reflexivos respecto de la historia.
Sostiene Eduardo Galeano, escritor uruguayo autor de obras tales como "Las venas abiertas de América Latina" (si me permiten, recomendable para uso escolar) que los peruanos descienden de los Incas, los mexicanos de los Aztecas y que los argentinos descendemos de los barcos, haciendo referencia las inmigraciones dadas a comienzos y mediados del Siglo XX. Quizá sea ese tan solo uno de los motivos por los cuales el argentino desconoce y desvaloriza permanentemente las culturas aborígenes, mirando siempre hacia el exterior, queriendo ser "europeos" y olvidando la historia latinoamericana, la de estas tierras. 
Hay una costumbre nacional, o una política de estado reproducida permanentemente, de no llamar las cosas por su nombre que se ha instalado principalmente mediante el sistema educativo, principalmente el primario, que es el nivel en donde los contenidos ofrecen menos reflexiones y son transmitidos casi directamente a modo de información de modo tal que aseguran la reproducción del sistema. Aquí, a la conquista y aniquilamiento de aborígenes en estas tierras, lo llamamos "Descubrimiento de América". A la matanza de nativos en la Patagonia Argentina llevada a cabo por Julio Argentino Roca en 1878-1879 la llamamos "Campaña del Desierto" (como si nadie hubiese habitado el sur argentino antes de eso). A la última dictadura militar (1976 - 1983) en la cual asesinaron más de 30.000 personas nos enseñan a llamarla "Proceso de Reorganización Nacional". A los muertos les dicen "desaparecidos" y a los asesinos, muchas veces, nos enseñan a llamarlos próceres...



El artículo que antecede, fue extraído del periódico de Bellville 
                                             




Mariano Garrone escribió este texto en octubre de 2007; afortunadamente algunas cosas parecen  cambiar en los últimos tiempos.