lunes, 5 de septiembre de 2011

Poesía


Kato Molinari, poeta nativa de nuestra ciudad; anduvo  soltando en el cielo altagraciense, algo de su poesía, y presentó en el Festival Internacional de la Palabra,  uno de sus últimos libros “Ilesa”
A poco menos de un mes la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, editó y presentó su Antología (1972-2004) 

Lo que podrán leer a continuación es el texto que escribiera Sandro Barrella para la presentación de dicha Antología y que enviara Kato para compartir con todos nosotros.
(el libro está en la biblioteca, obsequio de la poeta)  

Alfredo Palacio, Kato Molinari, Sandro Barrella y el 
Director de la Biblioteca Nacional
Horacio González





 PRESENTACIÓN ANTOLOGÍA POÉTICA KATO MOLINARI

    La obra de cada poeta-no importa el género, si mujer, si hombre-interpela, de entrada, la noción misma de poesía, las coordenadas de un oficio. Digo esto, a propósito de lo que pueda luego, ofrecer como tentativa de descripción (vaya tedio), o acercamiento crítico (vaya pedantería), a los poemas de Kato. Siempre pensé que explicar un poema es un oxímoron, que lo que resulta posible, en todo caso, es traducir una experiencia de lectura, lo que equivale a volver a decir el poema con otras palabras. Lo mejor en estos casos, incluso, sería invocar el espíritu del método Menard. Como sea, estamos aquí, y eso es seguro, para celebrar la publicación de esta antología que reúne poemas escritos por Kato Molinari a lo largo de más de treinta años.

   
    Ya en su primer libro, “POR BOCA DE QUIEN”, Kato ofrece un indicio acerca de cómo poner en entredicho el trabajo poético, y lo anuncia sin ambages en el título. En esas palabras podemos oír toda una definición sobre el alcance del sujeto lírico, sobre la voz que alienta el decir poético, sobre esa figura de difícil aprehensión a la que se otorga el estatuto del “YO”. Y es que en esa boca se reúnen, seguramente, la ciudadana Molinari nacida en Alta Gracia (una pequeña digresión, nacida en Alta Gracia parece un chiste de Kato Molinari), y el personaje que ha instruido para que vaya diciendo, que si, que esa boca es suya, pero no vayan a creer que todo lo que dice le ha ido sucediendo al pie de la letra... Joseph Brodsky, escribió alguna vez que la biografía de un poeta no había que buscarla en lo que cuentan sus poemas, sino en la escritura misma de esos poemas; no es la anécdota, sino el poema mismo, su autorretrato. Molinari hace uso elocuente de la primera persona y crea la ilusión del poema confesional, para luego señalarle al lector, que detrás está el artificio, triángulo formado por el poeta, el poema y el propio lector; está, claro, “la suave compañera Molinari”, como escribe en un verso, para que la maquinaria se ponga en marcha. Alter ego o personaje dramático arrojado a escena, declara:

Hablaré, sí, señor, le aseguro por boca de quién en ocasión de.
He buscado el amor con cuchillo de dos filos.
Mato, mientras tanto, a mi conciencia todos los días, sólo con ducharme.


    Molinari parece renegar de las formas altas, de, pongámoslo ente comillas, “lo sublime”, por eso alienta una poesía de la sospecha, del recelo hacia la simplificación o reducción de las pasiones del alma, al cliché sentimental. Kato percibe el mundo a través de un instrumento óptico que, ni es de aumento, ni de alta definición; no hace desarreglo de las proporciones, ni empaña los contornos de lo visto; su lente, pule paciente, los lugares comunes, hace experiencia del mundo sin jaculatorias, para dar en versos que no por límpidos, sencillos, operan una desconfianza hacia la normalidad de lo que, acaso por pereza, acaso por no encontrar otra denominación, llamamos lo cotidiano, como en el poema “POR OBLIGACIÓN” en el que a las sucesivas hipótesis de hacer aquello que sería ineludible, concluye de este modo:

“Si tuviera, en fin, que soñar por obligación
 estructuraría estrictas pesadillas amatorias.
 Frankenstein y yo.
 Armando Bo y yo.
 Le Prince Kalender et moi.
 Frigerio Rogelio y la que suscribe.

 Por ahora tejo guirnaldas
 para mis mórbidos brazos.”



“Pesadillas amatorias”, escribe, y, vaya pesadilla, soñar un amor con el olvidado Rogelio, caudillo subalterno del extinguido MID.

Pero Kato, en materia amorosa,  siempre tiene otra contrariedad para ofrecer. Como en el poema “DE ALTO ARDER”, del libro “UN JERÓNIMO DE DUDA”, o en “KATO CAZADORA”, del libro “MIRADAS Y PEREGRINACIONES”, dos ejemplos nomás, cuando en verdad toda su obra está recorrida por esa percepción, o certeza, del desencuentro, del imposible punto de unión:

¿Qué es el amor, qué puede el amor, si los
sexos son apenas aristas o concavidades
dispuestas con cierta astucia?

Escribe, con calma y sin quejas. Porque no sólo en el terreno cenagoso del amor se mueve así, la vida que se cuela en sus poemas, parece formar parte de un gran malentendido, o en todo caso, de un desacuerdo natural, que tanto se manifiesta entre dos seres que se buscan o repelen, como entre los seres y las cosas, entre el pensamiento y la realidad física, entre las pequeñas circunstancias del “YO”, y la Historia. De la vigilia al mundo onírico-por momentos no establece diferencias entre ambas regiones de la existencia-del tiempo presente que el poema registra a ese otro mundo que es la galería de recuerdos de una vida que se fue con la infancia, Kato reafirma, con espíritu estoico, y convicción objetivista, que: 

“Por cada arrepentimiento/ una equivocación”

Pero su poesía no rinde tributo a lo que Leónidas Lamborghini llamaba “la lagrimita”, eso que tanto lo irritaba de la lírica-lírica. Molinari, como en el tango, parece decirnos “primero hay que saber sufrir”, pero se desmarca de la tentación de la lástima. Que eso, al fin y al cabo, es saber.
¿Y cómo lo hace? En virtud de un recurso que maneja con maestría. Altanera como una princesa rea, Molinari dispara sobre el mundo-que la incluye-, con sarcasmo recatado e ironía por momentos salvaje, de modo que lo que arroja, suele hacer blanco en sí misma. Como en “MEMORIA TE MANDO”, donde se lee:

Te digo adiós con muchísimo afecto y ya no me atrevo a pedirte
Qué voy a hacer porque un casamiento a esta edad, a mi edad,
Que me tengas confianza y que al mismo tiempo me aconsejes
Dificulto que mamá vea con buenos ojos las novedades
Muchas gracias por leerme, querido amigo, hasta otra vez,
Escríbeme para darme tu opinión sobre el casorio, me
importa mucho.
Carta te escribo,
Querido amigo,
Memoria te mando.


La poesía de Kato Molinari, por supuesto, no se agota en estos apuntes que fui compartiendo con ustedes. Entre otras cosas, es una poesía que desbarata la inercia de ciertos tópicos como “coloquialismo” o “lo cotidiano”, y apuesta a sacudir la modorra de la lectura. Cultiva la pasión por el detalle-véanse ciertas alusiones a prendas de vestir, entre otras-, hace gala de un amplitud léxica que le permite armonizar el uso de palabras cultas con, digamos, expresiones malsonantes. Esa misma amplitud que se ve reflejada en el modo en que Kato está a sus anchas tanto en el universo letrado, en el mundo de, perdón, pero comillas otra vez “la cultura”, y la calle, el bar, la estación, la cama.


Para terminar, les cuento que, mientras organizaba estas notas, pensé en un momento sobre el lugar de los poetas en el canon, las antologías, en los sistemas de valoración. Pensaba también con qué poetas se agencia esta obra, y se me ocurrió, desordenadamente, que nombres como el de Juana Bignozzi, el de Federica Rosenfeld, el de Susana Thénon, o más acá en el tiempo, el de Carmen Iriondo, comparten ciertos rasgos con la poesía de Molinari. Pero esto es tema para futuras investigaciones de la crítica. Lo traía a cuento para afirmar y compartir con ustedes, una intuición, la de sabernos que estamos frente a una gran poeta, dueña de una voz potente, pero sin estridencias, reconocible en el trazo de sus versos, toda vez que uno se ha entregado de lleno a su lectura. Reconocible, por ejemplo, como en “PRIMER ÁNGEL”:

Una rosa en la mano será mi contraseña.
Vos estarás mirando el reloj, llegaré diez minutos más tarde
como buena hija de puta para que te sobresaltés. Cuando
llegue me mirarás y yo me
limitaré a extraviarme entre tus brazos.
Me olerás, eso sí, me olerás. Y me dirás: -Molinari. 
–Sí,
contestaré.










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