"Patrimonio Cultural de la ciudad de Alta Gracia" ordenanza municipal Nº 6862
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
viernes, 18 de marzo de 2016
viernes, 22 de octubre de 2010
Rainer María Rilke
La vida De Rainer María Rilke es, a la vez, simple de
trazar y compleja de estudiar. No hubo acontecimientos extraordinarios en ella sino una actividad intelectual
llenándola hasta la saturación. No fue nada, ni siquiera desempeñó un solo
trabajo burocrático continuado, ni funcionario, ni académico, ni diplomático.
En cambio se creó un puesto de los primeros en las letras alemanazas y en la
poesía de nuestro tiempo.
[…]
La infancia de Rilke fue triste: vivió constantemente
supeditado a las ridiculeces de la madre, que lo vistió de niña hasta avanzada
edad, y a las intransigencias del padre, empeñando en darle una instrucción
rigurosamente castrense.
[…]
Así da comienzo esta pequeña biografía del poeta.
También existe una “advertencia para esta
versión” por parte de su
autor.
Con la modestia que impone
tan excelso poeta y tan admirable poesía, presento estas versiones – desde
luego aproximadas y si se quiere transcripciones efectuadas sólo con propósito
informativo - de las piezas más esenciales de toda la obra de Rainer María
Rilke. Un solo y , creo, disculpable propósito me incitó a emprender tan grata
cuanto difícil, prolongada y riesgosa tarea,
y este deseo ha sido el de aproximar en la medida de lo posible el gran
público de habla castellana a este poeta cuya personalidad y cuya obra alcanzan
día a día mayor trascendencia en la vida del espíritu.
E. M. S. D.
Cielo
Un cielo pálido y gris,
en el que los colores se
marchitan.
A lo lejos, -un destello,
como fuego de una
cicatriz …
Reflejos que erran y se
posan.
Hay en el aire
un desfallecido perfume
de rosas
y lágrimas contenidas.
Tú no
debes esperar…
Tú no debes esperar que
Dios llegue hasta ti
diciéndote: “Yo soy”.
Un Dios que revela su
fuerza
no tiene sentido.
Tú debes saber que Dios
te penetra con su soplo
desde el origen.
Y cuando tu corazón arde
sin traicionar nada
es que Él está allí.
(Alba poética)
Epitafio
Compuesto por el
poeta
para su tumba
Rosa, ¡oh pura
contradicción , voluptuosidad
de no ser el sueño de
nadie bajo
tantos párpados!
***
Los textos fueron
extraídos de Rilke “Obra Poética”
Versión castellana,
Biografía y Notas de E. M. S. Danero
2da. Edición 1956
Librería Perlado Editores
viernes, 13 de noviembre de 2009
volver a la infancia de la mano de José Saramago...
De cómo el personaje fue maestro
y el autor su aprendiz*
José Saramago
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando a pastar la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del destete eran vendidos a los vecinos de la aldea, Azinhaga de nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, sacaban de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no procedían así por delicadeza de alma compasiva: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien para mantener la vida, no aprendió a pensar más de lo indispensable.
[…]
Mi abuela, en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: “No hagas caso, en los sueños no hay firmeza”. Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ese que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras.
Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que mi abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podía significar el que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”
[…]
Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.
* fragmento del discurso de aceptación del Premio Nobel, 1998, que podrán leerlo completo en el libro que se detalla al pie.
Diccionario de Personajes Saramaguianos
Fundación Santillana
EDUCC - Editorial de la Universidad Católica de Córdoba
2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





