Kato Molinari, poeta nativa de nuestra ciudad; anduvo soltando en el cielo altagraciense, algo de su poesía, y presentó en el Festival Internacional de la Palabra, uno de sus últimos
libros “Ilesa”
A poco menos de un
mes la Biblioteca
Nacional de Buenos Aires, editó y presentó su Antología
(1972-2004)
Lo que podrán leer a continuación es el texto que
escribiera Sandro Barrella para la presentación de dicha Antología y que enviara
Kato para compartir con todos nosotros.
(el libro está en la biblioteca, obsequio de la
poeta)
Alfredo Palacio, Kato Molinari, Sandro Barrella y el
Director de la Biblioteca Nacional
Horacio González
PRESENTACIÓN ANTOLOGÍA POÉTICA KATO MOLINARI
La obra de
cada poeta-no importa el género, si mujer, si hombre-interpela, de entrada, la
noción misma de poesía, las coordenadas de un oficio. Digo esto, a propósito de
lo que pueda luego, ofrecer como tentativa de descripción (vaya tedio), o
acercamiento crítico (vaya pedantería), a los poemas de Kato. Siempre pensé que
explicar un poema es un oxímoron, que lo que resulta posible, en todo caso, es
traducir una experiencia de lectura, lo que equivale a volver a decir el poema
con otras palabras. Lo mejor en estos casos, incluso, sería invocar el espíritu
del método Menard. Como sea, estamos aquí, y eso es seguro, para celebrar la
publicación de esta antología que reúne poemas escritos por Kato Molinari a lo
largo de más de treinta años.
Ya en su
primer libro, “POR BOCA DE QUIEN”, Kato ofrece un indicio acerca de cómo poner
en entredicho el trabajo poético, y lo anuncia sin ambages en el título. En
esas palabras podemos oír toda una definición sobre el alcance del sujeto
lírico, sobre la voz que alienta el decir poético, sobre esa figura de difícil
aprehensión a la que se otorga el estatuto del “YO”. Y es que en esa boca se
reúnen, seguramente, la ciudadana Molinari nacida en Alta Gracia (una pequeña
digresión, nacida en Alta Gracia parece un chiste de Kato Molinari), y el
personaje que ha instruido para que vaya diciendo, que si, que esa boca es suya,
pero no vayan a creer que todo lo que dice le ha ido sucediendo al pie de la
letra... Joseph Brodsky, escribió alguna vez que la biografía de un poeta no
había que buscarla en lo que cuentan sus poemas, sino en la escritura misma de
esos poemas; no es la anécdota, sino el poema mismo, su autorretrato. Molinari
hace uso elocuente de la primera persona y crea la ilusión del poema
confesional, para luego señalarle al lector, que detrás está el artificio,
triángulo formado por el poeta, el poema y el propio lector; está, claro, “la
suave compañera Molinari”, como escribe en un verso, para que la maquinaria se
ponga en marcha. Alter ego o personaje dramático arrojado a escena, declara:
Hablaré, sí, señor, le aseguro por boca de quién en
ocasión de.
He buscado el amor con cuchillo de dos filos.
Mato, mientras tanto, a mi conciencia todos los
días, sólo con ducharme.
Molinari parece
renegar de las formas altas, de, pongámoslo ente comillas, “lo sublime”, por
eso alienta una poesía de la sospecha, del recelo hacia la simplificación o
reducción de las pasiones del alma, al cliché sentimental. Kato percibe el
mundo a través de un instrumento óptico que, ni es de aumento, ni de alta
definición; no hace desarreglo de las proporciones, ni empaña los contornos de
lo visto; su lente, pule paciente, los lugares comunes, hace experiencia del
mundo sin jaculatorias, para dar en versos que no por límpidos, sencillos,
operan una desconfianza hacia la normalidad de lo que, acaso por pereza, acaso
por no encontrar otra denominación, llamamos lo cotidiano, como en el poema
“POR OBLIGACIÓN” en el que a las sucesivas hipótesis de hacer aquello que sería
ineludible, concluye de este modo:
“Si tuviera, en fin, que soñar por obligación
estructuraría
estrictas pesadillas amatorias.
Frankenstein
y yo.
Armando Bo y
yo.
Le Prince
Kalender et moi.
Frigerio
Rogelio y la que suscribe.
Por ahora
tejo guirnaldas
para mis
mórbidos brazos.”
“Pesadillas
amatorias”,
escribe, y, vaya pesadilla, soñar un amor con el olvidado Rogelio, caudillo
subalterno del extinguido MID.
Pero Kato, en materia amorosa, siempre tiene otra contrariedad para ofrecer.
Como en el poema “DE ALTO ARDER”, del libro “UN JERÓNIMO DE DUDA”, o en “KATO
CAZADORA”, del libro “MIRADAS Y PEREGRINACIONES”, dos ejemplos nomás, cuando en
verdad toda su obra está recorrida por esa percepción, o certeza, del desencuentro,
del imposible punto de unión:
¿Qué es el amor, qué puede el amor, si los
sexos son apenas aristas o concavidades
dispuestas con cierta astucia?
Escribe, con calma y sin quejas. Porque no sólo en
el terreno cenagoso del amor se mueve así, la vida que se cuela en sus poemas,
parece formar parte de un gran malentendido, o en todo caso, de un desacuerdo
natural, que tanto se manifiesta entre dos seres que se buscan o repelen, como
entre los seres y las cosas, entre el pensamiento y la realidad física, entre
las pequeñas circunstancias del “YO”, y la Historia. De la vigilia al
mundo onírico-por momentos no establece diferencias entre ambas regiones de la
existencia-del tiempo presente que el poema registra a ese otro mundo que es la
galería de recuerdos de una vida que se fue con la infancia, Kato reafirma, con
espíritu estoico, y convicción objetivista, que:
“Por cada arrepentimiento/ una equivocación”
Pero su poesía no rinde tributo a lo que Leónidas
Lamborghini llamaba “la lagrimita”, eso que tanto lo irritaba de la
lírica-lírica. Molinari, como en el tango, parece decirnos “primero hay que
saber sufrir”, pero se desmarca de la tentación de la lástima. Que eso, al fin
y al cabo, es saber.
¿Y cómo lo hace? En virtud de un recurso que maneja
con maestría. Altanera como una princesa rea, Molinari dispara sobre el mundo-que
la incluye-, con sarcasmo recatado e ironía por momentos salvaje, de modo que
lo que arroja, suele hacer blanco en sí misma. Como en “MEMORIA TE MANDO”,
donde se lee:
Te digo adiós con muchísimo afecto y ya no me atrevo
a pedirte
Qué voy a hacer porque un casamiento a esta edad, a
mi edad,
Que me tengas confianza y que al mismo tiempo me
aconsejes
Dificulto que mamá vea con buenos ojos las novedades
Muchas gracias por leerme, querido amigo, hasta otra
vez,
Escríbeme para darme tu opinión sobre el casorio, me
importa mucho.
Carta te escribo,
Querido amigo,
Memoria te mando.
La poesía de Kato Molinari, por supuesto, no se
agota en estos apuntes que fui compartiendo con ustedes. Entre otras cosas, es
una poesía que desbarata la inercia de ciertos tópicos como “coloquialismo” o
“lo cotidiano”, y apuesta a sacudir la modorra de la lectura. Cultiva la pasión
por el detalle-véanse ciertas alusiones a prendas de vestir, entre otras-, hace
gala de un amplitud léxica que le permite armonizar el uso de palabras cultas con,
digamos, expresiones malsonantes. Esa misma amplitud que se ve reflejada en el
modo en que Kato está a sus anchas tanto en el universo letrado, en el mundo
de, perdón, pero comillas otra vez “la cultura”, y la calle, el bar, la
estación, la cama.
Para terminar, les cuento que, mientras organizaba
estas notas, pensé en un momento sobre el lugar de los poetas en el canon, las
antologías, en los sistemas de valoración. Pensaba también con qué poetas se
agencia esta obra, y se me ocurrió, desordenadamente, que nombres como el de Juana
Bignozzi, el de Federica Rosenfeld, el de Susana Thénon, o más acá en el
tiempo, el de Carmen Iriondo, comparten ciertos rasgos con la poesía de Molinari.
Pero esto es tema para futuras investigaciones de la crítica. Lo traía a cuento
para afirmar y compartir con ustedes, una intuición, la de sabernos que estamos
frente a una gran poeta, dueña de una voz potente, pero sin estridencias,
reconocible en el trazo de sus versos, toda vez que uno se ha entregado de
lleno a su lectura. Reconocible, por ejemplo, como en “PRIMER ÁNGEL”:
Una rosa en la mano será mi contraseña.
Vos estarás mirando el reloj, llegaré diez minutos
más tarde
como buena hija de puta para que te sobresaltés.
Cuando
llegue me mirarás y yo me
limitaré a extraviarme entre tus brazos.
Me olerás, eso sí, me olerás. Y me dirás: -Molinari.
–Sí,
–Sí,
contestaré.

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